¿Cuánto puede llegar a odiar / amar / pensar / sentir / depender alguien?
Alguien dijo en algún sitio, por ahí, que las palabras nos engañan. ¡Las palabras!
Los úteros nos engañan o los brazos nos engañan serían desvaríos.
Insistimos, no obtante, en dejarnos arrastrar por engaños:
Lo que dice una persona, no es esa persona, sino parte de ella.
Su brazo, tampoco es el susodicho, sino parte.
Y tememos más a las palabras que a los brazos, aunque éstos hayan acabado con más vidas.
Vivimos en una época mediocre. El espíritu crítico murió con la primera erección de senos o de verga. Luego vinieron otros lugares: ojos, pies, manos, piernas, rodillas... Finalmente, llegaron al ombligo. Y ahí estamos, en medio de la nada.
Somos una especie en decadencia.
El futuro del ser humano, creo, pasa por una gran catástrofe que nos haga dar la vuelta.
A pesar de mi rechazo a cualquier religión, hay un concepto que respeto en el cristianismo: "conversión". Si lo pasamos por el lavavajillas, nos daremos cuenta de cuánta razón lleva.
Necesitamos eso. Conversión tras el lavavajillas.
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